Edad Moderna

La Edad Moderna es la tercer era en que se divide la Historia para su estudio general. Corresponde geográficamente a lo acontecido en Europa, o mejor dicho desde un punto de vista europeo - occidental. Es, de los distintos períodos en que se divide la Historia Universal el de menor brevedad, ya que sólo abarca 500 años (salvo la Era actual que lleva poco más de 200 años).

La Edad Moderna comienza con la caída del Imperio Bizantino (la toma de Constantinopla por los turcos en 1453), la invención de la imprenta moderna por parte de Gutenberg, la llegada de Cristobal Colón a América (1492), y la Reforma Protestante (en 1517).

El final varía según el autor que se consulte. Por un lado hay un consenso en señalar que el final se produciría entre fines del siglo XVIII y mediados del siglo XIX, período que se conoce como Era de la Revolución, período que abarca un gran número de movimientos revolucionarios que significan el paso definitivo entre el antiguo sistema feudal - reinado a la nueva organización de ciudades capitalistas y diversas formas de Estados liberales limitando el poder de las monarquías. Desde la Revolución Norteamericana (1776), pasando por la Revolución Francesa (1789) y las guerras de independencia hispanoamericanas, entre otras.

Otros autores señalan a la Revolución Industrial como el hecho clave. En Inglaterra primero y luego extendiéndose a toda Europa y América del Norte, se produce uno de los cambios tecnológicos en la producción y manufactura más importantes en la historia de la Humanidad, desde la revolución del Neolítico en la Prehistoria, con la aparición de la máquina a vapor como elemento insigne de este proceso. De cualquier forma, es un proceso que se da en paralelo y en el mismo período de tiempo.

Luego de la Edad Moderna viene la Edad Contemporánea, el período actual que vivimos. Aunque al respecto hay que señalar una diferencia en cuanto a la visión de la historiografía inglesa, que no divide este período en dos edades sino que sostiene que aún estamos en la Edad Moderna. La historiografía inglesa divide a la Edad Moderna en dos subperíodos: Tardía (Early Modern Times) y Reciente (Later Modern Times). El hecho divisorio de uno y otro período es igualmente la Revolución Industrial.

También hay quienes sostienen que la Edad Moderna no es más que un período de transición, al igual que la Edad Media, entre la Edad Antigua (o la Época Clásica) y la Edad Contemporánea. Y otros autores (en menor cantidad) plantean que la Edad Media y Moderna deberían ser tomadas en conjunto, ya que los cambios económicos-sociales que se gestan en estas eras recién concluyen hacia mediados del siglo XIX.

De cualquier forma cabe señalar que el concepto de “Edad Moderna” fue aplicado por historiadores europeos viviendo precisamente en esa época y que establecieron la periodización de la Historia más aceptada o usada hasta hoy, siempre desde una visión occidental.

La Era de los Descubrimientos

Entre los últimos años de la Edad Media y hasta comienzos del siglo XVII (ya en la Edad Moderna) transcurre lo que se conoce como “la era de los descubrimientos”, haciendo alusión a las exploraciones navales que emprendieron españoles, portugueses, ingleses, franceses y holandeses, cartografiando y conquistando territorios fuera del continente europeo.

De las distintas conquistas de este período de 200 años, seguramente la de América será la más importante en distintos aspectos, desde lo económico hasta lo político.

Aunque hay distintos aspectos puntuales que marcan y definen a la Edad Moderna (y no puede señalarse uno sin otro, ya que en el proceso histórico todos en su conjunto son relevantes para los cambios posteriores), también se podría decir que si hay algo que define a esta Era, es la unidad del mundo, ya que se intensifican las relaciones comerciales y culturales con el Lejano Oriente (China), y dos grandes regiones del planeta que habían estado divididas desde la misma Prehistoria, el Viejo Mundo (Eurasia y África) y el Nuevo Mundo (América) se encuentran definitivamente.

La colonización de América supone un gran influjo de riquezas para las complicadas coronas europeas, a la vez que representan otra fuente de ingresos que fortalecerían a las nacientes burguesías.

Si bien por un lado es cierto que los cambios se producen durante esta Era en forma gradual y al mismo ritmo que en Edades anteriores, también lo es que son muchos los cambios que se producen y cada uno merece un detenimiento especial.

El Renacimiento en la Edad Moderna

Con la caída del Imperio Romano de Oriente en manos de los turcos, muchos sabios bizantinos emigraron a la Europa Occidental, principalmente al sur de Italia, llevando consigo el ideario greco-latino que caracterizó al Imperio Bizantino. La invención de la imprenta favorece la difusión de obras literarias que hasta ese momento eran de escasa o limitada difusión. Continúan expandiéndose las universidades y escuelas fundadas en los últimos siglos de la Edad Media. Y a esto se suma la aparición de los mecenas (personas adineradas que patrocinaban el trabajo artístico y científico, generalmente nobles y papas, aunque no los únicos).

Este contexto genera las condiciones propicias para el desarrollo del Humanismo y del Renacimiento.

El Humanismo es un movimiento cultural, filosófico e ideológico, base del Renacimiento, cuyos principales rasgos son: la búsqueda de recuperar la cultura de la Antigüedad clásica; el intento de imitar las obras artísticas de los maestros grecolatinos; y el traslado del Hombre al centro de la escena del pensamiento.

Los humanistas ven al hombre como un ser natural e histórico, por lo tanto la vida misma adquiere una importancia mucho más allá de ser el simple paso por la Tierra hacia la Vida Eterna (concepción religiosa que primó en la Edad Media). Esta nueva perspectiva deriva en que el hombre sea protagonista de la historia, y da origen a los conceptos de propiedad privada, estado de derecho y seguridad jurídica (conceptos íntimamente ligados al paso del feudalismo al capitalismo, y a los nacientes Estados - Nación).

Pero el Renacimiento (que se asienta en las bases del Humanismo) va más allá, y ponen a la Ciencia como principal aspecto a estudiar y desarrollar, desligando a los problemas filosóficos de la teología.

Los avances en filosofía, artes y ciencia que se dan en el Renacimiento, en gran parte fueron posible a las bases y condiciones sociales, políticas y culturales que se establecieron en la Edad Media, desde el nacimiento de la burguesía hasta la incorporación de la cultura griega-helénica en Occidente (en la época de la Crisis de la Edad Media). Pero lo que establece una ruptura entre la Edad Media y Moderna (y establece o define a este período), es la concepción de misma de que los renacentistas se plantean como oposición al medievalismo, siendo superadores de ese período, y nace el concepto de individualismo, que supone una real percepción del Hombre como ser libre de tomar decisiones, más allá de preceptos religiosos (más allá de los designios de Dios), sin que esto signifique que los renacentistas o la Edad Moderna hayan sidos “ateos” o “agnósticos”.

Del Renacimiento a la Ilustración: la revolución científica

En 1543 se da el primer paso a la revolución en dos ciencias, la Astronomía y la Medicina. Copérnico postula el Heliocentrismo, cuestionando el concepto de Geocentrismo que establecía a la Tierra como centro del Universo. Y Andrés Vesalio revisa la anatomía de Galeno, sentando las bases de la moderna medicina.

En 1637, Descartes publica su Discurso del Método, que sienta las bases del método científico.

En 1687 Isaac Newton postula la Ley de la Gravedad, obra que no habría podido ser concebida sin los avances dados por la escuela de matemáticos italianos.

Estos hechos dan el marco a la denominada "Revolución Científica", siglos XVI y XVII, que transforman las anteriores visiones sobre la naturaleza (que venían desde la Edad Antigüa y no se pusieron en duda durante la Edad Media), y sientan las bases de la ciencia moderna. La revolución científica es el claro nexo (no sólo cronológico) entre el Renacimiento y la Ilustración.

La Ilustración: o el inicio de la Edad Contemporánea

El Siglo XVIII conocido como el Siglo de las Luces, propuso echar luz sobre las tinieblas del conocimiento, y la Razón pasa a estar en el centro de la escena, quedando atrás conceptos místicos que aún seguían siendo fuertes.

Esta etapa es conocida también como “la etapa histórica de la evolución global del pensamiento burgués”. Y así como nace a partir de la revolución científica, llega o tiene su apogeo (es decir: cuando las ideas aquí difundidas comienzan a materializarse) en la segunda mitad de este siglo con el inicio de las revoluciones políticas que dan nacimientos los modernos Estados Nación.

En el plano económico hay que destacar, que en 1776 Adam Smith escribe el certificado de nacimiento de la moderna economía, el capitalismo moderno, al publicar su libro "La Economía de las Naciones".

En términos cronológicos aquí ya estamos en la entrada de la Edad Contemporánea.

La Religión Católica: entre la Reforma y el cristianismo latinoamericano

Hacia el siglo XV el catolicismo ya estaba definitivamente dividida en dos: la Iglesia Católica Romana en Occidente, y la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa, en Oriente, que se extendió por los territorios de dominio del Imperio Bizantino. Esta división definitiva e irreconciliable se da promediando la Edad Media tras el denominado “Cisma de Oriente y Occiente”.

Pero en el comienzo de la Edad Moderna se da una crisis hacia el interior del catolicismo occidental (con sede en Roma), que derivaría en una nueva fractura y la aparición de varias iglesias en todo el territorio europeo. Son muchos los motivos y las condiciones que confluyen para este nuevo proceso.

Durante la Baja Edad Media la Iglesia Católica buscó consolidarse continentalmente a través de las Cruzadas con los musulmanes, y aunque militarmente fue una derrota en términos políticos lo lograron, ya que en parte significó la consolidación del Papa como figura de poder dominante y “universal”.

Luego de la crisis económica y social que vivió la Edad Media en su etapa final, se habían debilitado los poderes tradicionales de los nobles, como ya hemos visto, quienes buscaban recuperar el poderío tenido en antaño. En este contexto, la figura del Papado creció en poder, por no estar directamente ligado a un territorio, sino por encima de estos.

El papado y el clero estableció lazos estrechos con determinados nobles y reyes, favoreciéndolos en su establecimiento en el poder. Ante este crecimiento del dominio papal sobre toda la cristiandad comienzan a surgir sectores dentro de la propia Iglesia que lo criticaban y ponían en cuestionamiento. A su vez comenzó a profundizarse la rivalidad entre el Pontificado en Roma y el Sacro Imperio Romano Germánico.

Por otro lado la aparición del Humanismo vino a traer nuevas ideas que revolucionaron el pensamiento. Y también hicieron mecha en el cristianismo.

En este contexto se produce lo que luego se llamaría Reforma Protestante (siglo XVI), impulsada por Martín Lutero. Aunque inicialmente las críticas iban dirigidas a la venta de indulgencias, en términos teológicos el protestantismo proponía volver al cristianismo primitivo, en una relación más individual (y no tanto colectiva o social) del hombre con Dios y las Sagradas Escrituras. Propone la libre interpretación de la Biblia (“libre” en el sentido de que cada persona está en condiciones de interpretar la Biblia, y no necesariamente hay que ser Sacerdote para ello).

La imprenta ayuda a la propagación de Las 95 Tesis de Lutero y las ideas del reformismo, llegando a más personas que ya se encontraban reticentes y críticos al poder pontificio romano. Se da una época de varias décadas de sucesivas guerras entre cristianos que resultan en una definitiva división religiosa en Europa. En términos generales, el “norte europeo” se vuelve reformista (luterano) y en el “sur europeo” (con Italia y España como países referentes) se consolida el catolicismo romano.

Esta división se “exporta” a América, donde Norteamérica colonizada por el Reino Unido primeramente es Luterana, y Latinoamérica, colonizada por España, es ampliamente Católica.

Por otro lado, la imposición del catolicismo en América que realizan los colonizadores españoles, se conjuga y mezcla con creencias propias de los aborígenes del continente, dando nacimiento a un cristianismo que aunque sigue dentro del poder del Vaticano en Roma, se configura en lo que se denomina el Sincretismo religioso.

La Inquisición en la Edad Moderna

Aunque generalmente se emparenta a la Inquisición con la Edad Media, sobre todo desde una visión más reciente de la historiografía, dándole una descripción medieval, lo cierto es que la Inquisición se establece y desarrolla en los primeros siglos de la Edad Moderna.

Como desarrollo y continuación de la Inquisición de la Edad Media, en ésta época se establecen organismos propiamente dedicados a combatir la herejía. Así nacen (en distintas zonas y en distintos años) el Consejo Supremo de la Inquisición, el Tribunal del Santo Oficio, la Congregación del Santo Oficio, etc.. Todos dependían del Papado romano, pero estaba constituido por cardenales dedicados exclusivamente a ésta tarea.

La Inquisición española persiguió el objetivo de controlar que los judíos y musulmanes se conviertan efectivamente al cristianismo, como única forma de poder seguir viviendo en España. Aunque luego se extendió a la caza de brujas, protestantes y herejes de todo tipo.

La Inquisición de la Reforma Protestante, aunque no persiguió en forma directa a los católicos, sí se detuvo en la persecución a herejes que hayan simpatizado o establecido relaciones con el Diablo y con las brujas.

A diferencia de la Inquisición Española, el protestantismo no estableció Tribunales generales, y estos se conformaban ante denuncias concretas a partir del poder local.

En ambos casos, la Inquisición consistía en un juicio al denunciado de hereje, en el que rara vez salía impune y generalmente se lo condenaba. La condena consistía en que mediante torturas y vejaciones públicas el condenado reconozca su crimen, la muerte y luego la quema del cuerpo y los restos, para espantar cualquier vestigio del “mal”. Aunque el real objetivo de las torturas, vejaciones y quema pública era convertirse en un amedrentamiento a otros herejes.

El período de auge de la Inquisición culmina con la revolución científica, dando paso entonces, luego, al Iluminismo, que sería el principio del fin de la Edad Moderna y el comienzo de la Edad Contemporánea.

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