La Prehistoria

Para un mejor estudio de la Historia de la Humanidad, en los ámbitos académicos se ha consensuado la división de la historia del hombre en dos grandes etapas, la Prehistoria y la Historia. El hecho clave que marcaría un antes y un después es la aparición de la escritura, hacia el milenio IV antes de Cristo, aproximadamente el año 3300 AC.

El hecho de que el hombre desarrolle un método de comunicación gráfico y simbólico abstracto y a la vez fonético, acompañado con la aparición de las primeras grandes civilizaciones, plantea aquí un grado de evolución socio-cultural que daría inicio a una nueva etapa en la vida de aquella especie que un día descendió de los árboles. La Historia.

Pero la aparición de la escritura no se da en todo el mundo al mismo tiempo. No obstante, y pese a haber distintas corrientes historiográficas con distintas opiniones, existe el convencionalismo de que la aparición de la escritura en el Oriente Próximo, la estructuración de sociedades más complejas y el uso de la moneda (el concepto de “dinero”, otra abstracción), marcan el paso de la humanidad de la Prehistoria a la Historia.

Pero antes de la escritura, pasaron muchos años (millones) entre que aparecieron los primeros hombres sobre la faz de la Tierra hasta que éste escribió.

Los períodos de la Prehistoria

Para estudiar mejor este tiempo, la prehistoria se divide en dos Edades: la Edad de Piedra y la Edad de los Metales. Las que a su vez se dividen en diferentes períodos. La Edad de Piedra en Paleolítico (donde se diferencian el Paleolítico Inferior, Medio y Superior); Mesolítico y Neolítico. La Edad de los Metales se divide en tres períodos: Edad del Cobre, del Bronce y del Hierro.

Cabe señalar además que la periodización de la Prehistoria y su cronoglogía no es igual en todo el mundo, y ésta varía de continente a continente, y a su vez de pueblo a pueblo, ya que no se dió idéntico proceso de desarrollo y evolución en todo el mundo. No obstante se entiende lo señalado en el párrafo anterior como un convencionalismo mundial.

La evolución: de primates a hombres prehistóricos

El inicio de la era denominada prehistoria comienza entre 2 y 3 millones de años atrás, con la aparición del hombre propiamente dicho. Según las actuales conclusiones científicas, entre 5 y 7 millones de años atrás comenzó el proceso evolutivo del “hombre”, dividiéndose las líneas evolutivas de los primates en humanos y chimpancés. En aquellos primeros millones de años, el proceso evolutivo fue lento y en el camino quedaron distintas “especies de homos” que resultaron extintas, existiendo hoy en día sólo una de ellas, la del Homo Sapiens, nosotros.

Hace unos 2,5 millones de años entonces, el “homo sapiens” aparece en el mundo, ya con el grado evolutivo (en términos biológicos) que hoy tenemos, y es allí cuando comienza a contarse la “prehistoria”. En términos académicos, los años previos del proceso evolutivo no son considerados “prehistoria”, como tampoco lo es toda la etapa anterior de la Tierra.

Las primeras herramientas, los primeros humanos

Uno de los rasgos distintivos del hombre es la creación de herramientas y utensilios para realizar tareas que antes realizaba simplemente con las manos, o que directamente no podía realizar. En el Paleolítico Inferior (la primera y más extensa era de la Prehistoria), los primeros homo sapiens conviven con otras especies de homínidos que luego se extinguirán, como el Hombre de Neanderthal, por citar alguno (quizás el más famoso).

El Paleolítico Inferior transcurre durante las últimas glaciaciones, y en esta época aparecen las primeras herramientas (rocas y palos afilados), utilizados para cazar. De a poco el “hombre primitivo” va evolucionando de sólo pertenecer a una manada y comienza a elaborar relaciones y sociedades más complejas. Claro que cuando decimos “complejas” nos referimos que lo son en comparación a las relaciones socio-culturales que pueden establecer el resto de los animales; pero sociedades primitivas (iniciales) para el grado de organización social actual.

Éste período se inició hace unos 2,5 millones de años y se extiende hasta hace 120 mil años.

Paleolítico Medio: la aparición de creencias religiosas

Antes de continuar con la descripción de los distintos períodos prehistóricos, hay que señalar que el inicio y comienzo de una y otra se superponen, por diferentes motivos: primero los cambios se dan a lo largo de varias generaciones (no repentinamente) y además no se dan al mismo tiempo en todo el mundo.

El Paleolítico Medio abarca desde hace 150 mil años al año 35 mil antes de Cristo, aproximadamente. Es la última etapa en la que convivirán distintas especies de homínidos (Neanderthal, Erectus, Floresiensis, Ergaster, etc...), extinguiéndose hacia el final de este período todas ellas salvo la especie Homo Sapiens.

Durante este período comienza a expandirse la creación de herramientas más complejas, como lanzas de mano, hachas afiladas de ambos lados, etc. Durante este período el “homo” domina el fuego, comienza a darle un tratamiento especial a los cadáveres (fosas especiales, o con un distribución específica de acuerdo a la edad), y se intensifican los lazos sociales avanzando en conceptos culturales. Por ejemplo, los ancianos son cuidados por los adultos de la tribu.

De este período se tienen datos certeros de los primeros rituales religiosos, y algunas tribus desarrollan un lenguaje fonético más articulado.

La última glaciación que afecta a la Tierra supone la extinción de las otras especies de “homo” y la supervivencia del homo sapiens hacia el final de éste periodo.

Paleolítico Superior: el hombre se apodera de la Tierra

En la última etapa del Paleolítico, que coincide con el final de la Era Glaciar. En ésta época, la del homo sapiens se convierte en la única de las especies de los homínidos sobre la faz de la Tierra. Durante el final de la última Edad de Hielo habría comenzado la población de América, según las teorías más aceptadas. El hombre comienza a utilizar otros materiales para sus herramientas, como el marfil o los huesos de animales que cazó, y a decorar y mejorar los refugios que utilizaba para dormir. Lentamente se vuelve sedentario, en algunas zonas se realizan las primeras domesticaciones de animales (cabras, renos); en otras aprende a moler semillas.

Junto a todos estos avances socio-culturales que van acompañando el cambio climático y ambiental (desaparecen los últimos mamuts y mastodontes), el hombre desarrolla un culto más complejo y elaborado. De éste período se registran los templos de piedra más antiguos. En las cavernas, el hombre pinta escenas de su cotidianidad, como así también en distintas partes del mundo se comienzan a realizar esculturas y obras de arte móviles (pequeñas, personales) con un alto grado de detalle, que demuestran la utilización de herramientas más complejas.

El hombre ya comienza a conquistar el mundo.

Mesolítico: un período de transición

En los ámbitos académicos la denominación de “mesolítico” es puesta en duda permanentemente y hay varias corrientes que proponen nombres y periodizaciones distintas. Lo que podemos encontrar de coincidencia es que éste es un período de transición entre el Paleolítico y el Neolítico, es decir entre la “Vieja Edad de Piedra” y la “Nueva Edad de Piedra”. En el Paleolítico el hombre convive con otras especies de “homos”, comienza a elaborar sus primeras herramientas, avanza tímidamente en la conformación de una sociedad y crea las primeras expresiones artísticas. En el Neolítico se daría el salto revolucionario en la forma de vida de los humanos.

El período Mesolítico comprende más que a un periodo cronológico a una etapa cultural de determinados pueblos o tribus. Y se puede fácilmente identificar con las últimas sociedades de cazadores-recolectores.

Neolítico: la revolución de la Edad de Piedra

Lo que caracteriza a éste período es la sedentarización del hombre, por ende la complejización de las sociedades, y el desarrollo y expansión de la agricultura y la ganadería. Según algunos autores, es el descubrimiento de la agricultura lo que vuelve sedentario al humano.

En lo que respecta a la elaboración de las herramientas, se aprecia la pulimentación, y además aparece la alfarería. Aunque el término “Neolítico” hace referencia a la piedra, no es esto lo que caracteriza a éste período sino la forma de producción y obtención de alimentos (agricultura y ganadería). Éste es un hecho que derivaría en el desarrollo de sociedades más grandes y más complejas jerárquicamente, a la vez que sería el embrión de las primeras grandes civilizaciones de la historia.

En lo que respecta al aspecto religioso, los rituales estaban basados principalmente en la actividad que estaba transformando al humano. Esto es, y reiteramos, la agricultura. Así se desarrollaron rituales de fertilización y tributos ante épocas puntuales del año que eran más propicias para el sembradío y el ganado (primavera). De este época probablemente provienen los más antiguos y actualmente celebrados “rituales” y “creencias”, en lo que tiene que ver con los solsticios, pero que no vamos a abordar aquí. Hasta el fútbol, hoy rey mundial de la economía deportiva, estaría en sus primitivos orígenes vinculado a tributos a la buena cosecha.

La Edad de los Metales

Pasada la etapa inicial de la Historia del Hombre, desde su aparición, las primeras herramientas rudimentarias, el dominio del fuego, la aparición del lenguaje fonético y el descubrimiento de la agricultura (todo esto en la Edad de Piedra), comienza lo que se denomina la Edad de los Metales. Ésta era se divide para su estudio en tres períodos: Edad del Cobre, del Bronce y del Hierro.

Ésta segunda edad tecnológica en que se divide la Prehistoria, comienza con la aparición del trabajo de los metales a través de su fundición, lo que permite elaborar herramientas más complejas, y concluye con la entrada en la “Historia”, es decir con la aparición de la escritura.

Se inicia en el VI milenio a.C y concluye en distintos años según la zona geográfica. Mientras en Europa, llega hasta el I milenio a.C, en Egipto y Mesopotamia el periodo “Historia” se da casi en yuxtaposición con la Edad del Hierro, ya que ambos desarrollos se dan en simultáneo.

A su vez los últimos años de la Edad de los Metales en la Prehistoria y los primeros de la Historia, se conocen como “Protohistoria”, período de transición.

La Edad del Cobre

El cobre, el oro y la plata son los primeros metales utilizados en la Prehistoria. De los tres, el más utilizado fue el cobre, en objetos ornamentales (adornos) y herramientas de caza y utensilios. Los primeros vestigios muestran objetos de cobre trabajados a martillazos en frío, luego aparecería (algunos siglos después) la fundición del cobre y la elaboración de piezas a partir de moldes.

La Edad del Bronce

En este período el hombre no sólo continúa extrayendo metales de la naturaleza, sino que además comienza a crear aleaciones, el bronce (aleación de cobre y estaño). Lo que supone entonces uno de los momentos de creación más importantes en la historia evolutiva, la creación misma de metales.

Esto implica la especialización de oficios y el crecimiento y desarrollo del comercio a largas distancias.

En regiones como India o China, el hombre pasa del Neolítico a la Edad de Bronce, siendo la Edad del Cobre muy breve. Mientras que en el África subsahariana, se pasa directamente del Neolítico a la Edad del Hierro.

La Edad del Hierro

Hacia el III milenio a.C. el hombre descubre la técnica de tratar los minerales ferrosos, metal que ya conocía desde mucho antes (inclusive era considerado más valioso que el cobre y el bronce), pero que hasta entonces no sabía cómo manipularlo.

Los primeros en conocer la técnica del Hierro fueron los Hititas, según los registros escritos en tablillas cuneiformes encontradas. Los Hititas junto a los Babilónicos y los Egipcios fueron las tres grandes “potencias” de Oriente Próximo, durante el final de la Prehistoria, la Protohistoria y los primeros años de la Historia.

El trabajo sobre el hierro genera dos factores importantes: la creación de ornamentaciones y utensilios más “durables” y con mayores detalles en su creación; y la construcción de armas más peligrosas. Con respecto a lo primero, ésto hace crecer el comercio (interno y externo) y la especialización obrera. Con respecto a lo segundo, los pueblos belicosos que conocen el hierro comienzan a expandirse dominando a otros que vivían en la Edad del Bronce o del Cobre. Las guerras, entonces, adquieren una connotación especial y comienzan a ser decisorias del desarrollo humano.

Las civilizaciones: los dioses y los metales

Hay que señalar que desde el inicio de la Edad de los Metales ya se registran niveles de organización complejos (con estratificación social), lo que fue impulsado en un principio por la agricultura (la revolución de la Edad de Piedra).

Pero a lo largo de esta Edad se profundizan los niveles organizativos en una ciudad, ya que éstas son cada vez más grandes en número de pobladores y comienzan a aparecer las primeras grandes civilizaciones. En los primeros períodos (Cobre y Bronce) es el comercio el motor de la historia; en el último período (Hierro) es la fuerza y la dominación lo que desarrolla civilizaciones.

En lo que respecta al aspecto religioso se da un cambio fundamental. Mientras en la Edad de Piedra la adoración pasa por figuras femeninas (diosas madres neolíticas), la fecundación (y los tiempos de cosecha), y la adoración de la naturaleza (en algunas cuevas se encontraron lo que se supone son rituales al “oso de las cuevas"); en la Edad de los Metales las deidades pasan a ser masculinas y guerreras. Esto se explica claramente si entendemos que la libre manipulación de los metales (sobre todo de los metales ferrosos) beneficia a las culturas guerreras y belicosas.

A si como van desapareciendo las grandes construcciones megalíticas, se complejizan y jerarquizan las ornamentaciones funerarias, y se profundiza la estratificación social.

De la Edad de Hierro a la Historia

En algunas civilizaciones (la de los propios Hititas, inventores de la técnica de tratamiento del hierro; Egipto, Babilonia, etc...), la aparición de la escritura se da en simultáneo con el desarrollo mismo del período más avanzado de la Edad de los Metales.

Como dijimos, este período de transición se denomina Protohistoria. A su vez, y reiteramos, el fin de una era y el comienzo de otra no se da en todo el mundo al mismo tiempo y sus límites son difusos, ya que son procesos que llevan muchas generaciones.

En términos generales hay consenso para establecer que el período denominado Historia comienza hacia el I milenio a.C.

El desarrollo de la escritura comienza a fines del Neolítico y principios de la Edad del Bronce, con los primeros sistemas simbólicos, muy rudimentarios. Durante la Edad de los Metales se desarrollan los sistemas de escrituras como los ideogramas, pictogramas y los jeroglíficos.

A mediados de la Edad de Bronce comienzan a aparecer en la Mesopotamia los primeros indicios de una construcción de una escritura que representaba la fonología y la sintaxis del habla. Es en la Edad de los Metales donde se desarrolla la escritura fonética que marcaría un antes y un después.

La importancia de la escritura

¿Porqué la escritura es tan importante para ser el factor determinante que divide a la Prehistoria y la Historia?

Vamos a señalar, y no en términos académicos o científicos, una “protoescritura” y una “escritura”, para diferenciar el proceso evolutivo. En la protoescritura podríamos incluir las distintas formas de escritura donde el hombre toma imágenes de la naturaleza para representar y transmitir ideas (cabe señalar que este proceso es muy complejo y diferente según cada cultura y civilización).

La escritura fonética conlleva la creación de determinados símbolos cuyo significado individual es abstracto y se asemeja al “habla”. Y determinadas reglas de sintaxis para la construcción de escritos coherentes. Además, esto implica la creación de un alfabeto (otra abstracción o intelectualización). De esta forma, el hombre crea algo que le es inmanentemente propio, humano, no lo comparte con ninguno de los animales del planeta. Ya no es sólo la palabra oral, sino además la palabra escrita.

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